La solidaridad femenina en la novela Indómita de Dahlma Llanos-Figueroa

Por la Dra. Nydia Mejías Tirado

"Te traigo mi hombro para que te apoyes en él cuando las cosas se pongan difíciles. Te ofrezco mis brazos abiertos cuando la vida te pone a prueba y necesitas el apoyo de otra mujer" (Dahlma Llanos-Figueroa, 362).  

Introducción

Una mujer de resistencia es una novela histórica que enfrenta al lector a múltiples emociones desgarradoras, violentas y salvajes, pero también a escenas de solidaridad, compasión y amor. Esta novela de Dahlma Llanos-Figueroa se publicó en 2022, en inglés, bajo el título A Woman of Endurance y en español indómita, traducida por Aurora Lauzardo Ugarte. La novela se centra en el mundo afroporteño del siglo XIX, situado en las plantaciones azucareras del país. Pola, el personaje central de la trama, es traída a la isla tras ser violentamente desarraigada de su país de origen en el continente africano.

La esclavitud, con toda su barbarie, marca el escenario de la obra. A través de sus páginas, somos testigos de la violencia, los abusos físicos y el sometimiento sexual a los que se enfrenta este personaje. Sin embargo, también asistimos a la reconstrucción de esta mujer amargada y desconfiada. ¿Cómo fue posible la restauración de este ser roto? Responder a esa pregunta se convirtió en nuestro reto. Pensamos y tratamos de demostrar que la solidaridad entre mujeres creó una plataforma firme que ayudó a la reconstrucción de esta mujer indomable y le proporcionó herramientas para recuperar el sentimiento de pertenencia a la comunidad que le había sido arrebatado.  

Sobre la autora

Dahlma Llanos-Figueroa es autora de dos novelas: Daughters of the Stone y A Woman of Endurance o Indómita (en español), así como de cuentos publicados en varias antologías y revistas literarias. Su intención es completar una serie de libros, generación por generación, desde el siglo XIX hasta llegar al presente por lo que la tercera novela terminará con la llegada del siglo XX (Pontoni, 2022). Llanos-Figueroa estudió en la escuela pública en el Bronx y se recibió en The State University of Nueva York. Es profesora de literatura y de inglés.

Esta autora puertorriqueña, aunque fue criada en la ciudad de NY, tiene sus raíces boricuas muy arraigadas. Cuando era niña, la enviaron a vivir con sus abuelos en Puerto Rico, donde conoció la cultura rural de Puerto Rico, incluida la narración de cuentos que era natural para las mujeres de su familia, especialmente las mujeres mayores. Gracias a su madre, sus abuelos y familia afrodescendiente de Carolina, Puerto Rico aprendió de la música, los alimentos, los remedios, las creencias, la sabiduría, que traían sus ancestros. Sobre su bagaje cultural y su condición de escritora afirma: “No se puede separar mi condición de puertorriqueña de mi condición de afrodescendiente. Esto, de una manera y otra, terminó llevándome a convertirme en escritora, ya que todo lo que escribo tiene que ver con el mundo afro-puertorriqueño” (Rodés, 2022).

En la entrevista Cafecito con Dahlma Llanos-Figueroa con Keishla Rivera-López (2022), la autora nos cuenta su proceso de investigación para la ambientación y localización de la novela catalogada como histórica, aunque ella aclara que “ella escribe ficción, no historia”. Para lograr la ambientación de la novela visitó varias haciendas que se conservan como referentes histórico-culturales del siglo XIX en Puerto Rico, tales como: Hacienda La Esperanza en Manatí, Hacienda Buena Vista y haciendas en Guánica, Salinas, Arroyo. Las conversaciones con los ancianos y la reconstrucción de sus memorias también sirven de fuente para nutrir muchas de las escenas cotidianas de la novela. Para los fundamentos históricos sobre el sistema esclavista en las plantaciones de caña de Puerto Rico del siglo XVIII y XIX recurre a los archivos de bibliotecas, registros demográficos, actas de bautismo, entre otros.

Los temas recurrentes en su trabajo son: la religiosidad africana, la música, la fuerza de la naturaleza, el culturalismo y la maternidad. Dahlma afirma que cree en los procesos de sanación, no le gusta escribir sobre la desesperanza. Sobre su proceso de escritura dice que no podría contar sus historias sin la presencia de sus ancestros, los que afirma que “la esperan en sus sueños y meditaciones; ellos le hablan y ella los escucha” (Rivera-López, 2022).  

Trasfondo histórico

La brutal historia de la esclavitud en Puerto Rico sirve para contextualizar históricamente la novela Indómita. Afirma Guillermo Baralt (2021) que desde la fundación del primer ingenio azucarero en Aguada hacia 1522, hasta la abolición de la esclavitud en 1873, el trabajo estuvo vinculado a la esclavitud africana. Para ello se valieron del trasladado coercitivo de miles de africanos de la parte occidental de África. A lo largo de los siglos XVI al XVIII el desarrollo de la industria azucarera fue lento, pero el número de esclavos fue creciendo a un ritmo más acelerado en la primera mitad del siglo XIX. Ese auge azucarero en la isla se debió, entre otros factores, a la desaparición de la mayor productora de caña en el Caribe, Saint Domingue, hoy Haití como consecuencia de la revolución haitiana. Los esclavizados llegaron a representar el 11% de la población de esa época y sobre ellos recayó el trabajo de la industria más importante de la isla (Baralt, 2021).

A través de las páginas de la novela somos testigos de la brutalidad deshumanizante a que eran expuestos los cautivos y a la violación sexual de las mujeres que fueron arrebatadas de hogares estables en África. Como se había mencionado, Pola, el personaje principal de la novela, llegó a Puerto Rico desde África en el siglo XIX, cuando los hacendados compraban mujeres con el propósito de procrear futuros esclavos, ya que la esclavitud era hereditaria por ley. Los bebés, como en el caso de Pola, les eran arrebatados tan pronto salían de su vientre. Afirma Baralt (2021) que su compraventa podía redundar en grandes beneficios económicos para los dueños. Los esclavizados eran bienes comercialmente transables utilizados para la adquisición de riquezas.

En la novela los lectores son testigos de cómo funcionaban las haciendas azucareras. La zafra o corte de caña comenzaba en enero. Los mayordomos despertaban a los esclavizados hombres, mujeres y niños temprano en la mañana. Recogían sus machetes, azadas, palas y se dirigían al campo donde trabajaban todo el día y solo tenían un almuerzo. No todos tenían el mismo trabajo, los esclavizados más fuertes de ambos sexos cortaban la caña, otros eran bueyeros, los jóvenes y las mujeres cargaban las carretas. A medida que se cortaba la caña se iba moliendo y procesando el azúcar en el ingenio. Hacia mayo terminaba la zafra, en ese tiempo los esclavizados trabajaban en desmonte, la tala, el desyerbe, la siembra de caña, entre otras tareas (Baralt, 2021).

También había esclavizados y esclavizadas que desempeñaban otras tareas en la hacienda. En la novela conocemos el taller de las agujas que era responsable de la costura de trajes por encargo, la mantelería de la casa principal, la lavandería y el planchado. Estaban, además, las esclavizadas de la cocina que confeccionaban los platos que se servían a la familia hacendada y a los esclavizados en el cañaveral, así desde la cocina se vigilaba y se dirigían todas las labores culinarias de la hacienda. La curandera brindaba los tratamientos medicinales tradicionales a base de hierbas curativas; manejaba heridas, roturas de huesos, atendía enfermedades del estómago, del corazón y toda dolencia de carácter emocional y social, su deber era curar a los enfermos. En las haciendas no todos los esclavizados recibían el mismo trato, ni tenían las mismas condiciones de vida. Las posiciones más privilegiadas en el trabajo de la hacienda las ocupaba el esclavizado criollo (Baralt, 2021). La mayoría de ellos nacidos de la violencia sexual de los esclavizadores.

En la novela el lector se enfrenta a la vida del día a día en la hacienda, al maltrato, la miseria y las injusticias a que estaban sometidos los esclavizados, así como a las formas en que las comunidades esclavizadas velaron por su dignidad humana a pesar de la violencia (Rodés, 2022). Afirma Dahlma Llanos, “Para mí, es preciso contar lo que no se ha contado de nuestra herencia africana” (Pontoni, 2022). Su propósito es que no se pierda la historia sistémicamente borrada de nuestros ancestros, rescatarla del silencio al que ha sido sometida.  

Escenas de la novela en las que se manifiesta la solidaridad femenina

En Indómita la solidaridad se manifiesta en muchos de los personajes, pero vamos a destacar tres de sus personajes femeninos: Rufina, la curandera; Tía Josefa, encargada del taller de costura y Pastora, a cargo de la cocina. Martha Páez Neira (2013), en el acercamiento teórico que hace al concepto solidaridad, dice que “significa el compartir y asumir las necesidades del otro como propias. Constituye un valor que permite pensar en el otro, en cómo ayudar, colaborar y dar lo mejor se sí para aportar al otro, contribuyendo de ese modo al desarrollo del hombre y, por tanto, de la humanidad” (44). La solidaridad es un valor moral, es la posibilidad que tienen los seres humanos de colaborar con los otros posibilitando la creación de sentimientos de pertenencia (Campos Perales, 2023). Desde esta perspectiva evidenciamos cómo la solidaridad de esas tres mujeres viabiliza la reconstrucción del personaje de Pola, desarrollándose en ella un sentimiento de pertenencia comunitaria que le había sido cruelmente arrebatada. La actitud solidaria de ellas permite que Pola pueda crear vínculos sociales seguros, alejados de las prácticas alienantes y hostiles que le caracterizaban.  

Rufina la curandera

Poco se escribe sobre los casos de fuga, las historias de los esclavos transgresores, cimarrones o sublevados se han mantenido invisibilizadas. En las primeras páginas de la novela Indómita se saca a la luz el tema de la fuga, Pola se escapa de la Hacienda El Paraíso. En esos casos, la transgresión de la escapatoria era pagada con castigos violentos para que sirviera de escarmiento. Por eso, cuando Pola llega a la hacienda Las Mercedes en Carolina su cuerpo estaba totalmente mutilado, destruido porque había sido brutalmente golpeada a latigazos y violada en múltiples ocasiones. En la hacienda es llevada a la cabaña de Rufina, la curandera. La práctica de Rufina estaba avalada por los amos: podía recoger hierbas curativas, atendía heridas, preparaba brebajes, remedios y mejunjes para los enfermos. En su cabaña tenía todas las hierbas que necesitaba y podía ir al campo, sin permiso de los amos, a buscar más (20). Cuando traen a Pola a su casucha siente compasión, piensa que debió haber pasado por un infierno. Luego de varios días de convalecencia Pola despierta y entre otras cosas le dice: “Te hicieron mucho daño ahí abajo. Se seca los ojos con la punta del delantal” (20). Es una primera señal de solidaridad. Ella no ha sufrido la violación a la que ha sido sometida Pola, pero siente su sufrimiento y se indigna. Murmura maldiciones por lo bajo, como si a ella le doliera la paliza: “Hijo`e puta, ma’rayo lo’parta, sataná, animale’, mal pario …” (22).

Pero Rufina no solo siente compasión por Pola, la trata de recomponer emocionalmente: “Casi nunca podemo’ evitar lo que no’ hacen. Pero podemo’ luchar. Sé que tu sabe lo que te digo: resistir. Sé que ere’ una guerrera porque todavía esta’ aquí” (22). Cada vez que puede Rufina busca palabras adecuadas para que el espíritu guerrero de Pola no se vaya, ha visto cuerpos curados que luego caminan vacíos, despojados de su espíritu: “Despue’ de to’ lo que ha’ pasao, ¿vas a dejar que eso’ blanco’ hijo’e puta ganen? … Te quiere’ tan poco a ti misma que ni siquiera va’ a luchar por tu propia vida?” (25). “Rufina se niega a dar por perdida a la mujer de dientes que cortan y mirada que hiere. Ha visto un asomo del espíritu guerrero de Pola y debe conjurarlo para que regrese” (25).

Estas escenas breves ilustran el poder sanador de la solidaridad. Rufina jamás decepcionó a Pola. Guió su entrada al mundo de Las Mercedes. Fue capaz de ver más allá de su rabia y su amargura durante su recuperación. Cuando Pola estaba ansiosa por el bienestar de una niña cimarrona llamada Chachita, Rufina le llevó comida y ropa limpia a la niña, incluso a riesgo de su propia vida. Rufina no solo curó las heridas físicas del personaje principal, sino que penetró su mundo emocional para sanar su espíritu (301). Desde la perspectiva psicológica, Rufina demuestra la solidaridad desde el compromiso y el deber de hacerle bien al otro (Páez Neira, 45).  

 Tía Josefa

Tía Josefa es otro personaje cuya solidaridad ayuda a Pola a salir de la amargura, la violencia y el miedo que se originó y comenzó a crecer desde el momento que se inició la migración involuntaria de su lugar de origen. La dinámica del taller de agujas que dirigía la Tía Josefa permite demostrar cómo se establece una relación de cohesión entre las personas que constituyen el grupo, desarrollándose entre ellas un vínculo interpersonal especialmente comprometido (Razeto Migliaro, 2005). Esto comienza cuando Pola, que ha recuperado su salud, tiene que reintegrarse al trabajo y abandonar la cabaña de Rufina. Doña Filo, la patrona de la hacienda Las Mercedes, la envía al taller de las agujas en lugar del cañaveral bajo la supervisión de Tía Josefa. Pola la ve con recelo y protesta. Rufina le habla suave, le aconseja: “¿De qué vale la vida si no podemo’ confiar en lo nuestro’? Tía Josefa no e’ tu enemiga. De hecho, e’ tu refugio. Recuérdalo bien ante’ de abrir esa boca pa’ faltarle el respeto” (68).

La Tía Josefa era la esclavizada de confianza de Doña Serafina (Doña Filo), estaba en el taller cuando ella llegó de joven recién casada. Tanta confianza le tenía que custodiaba las llaves del almacén de telas. El taller le proporcionaba una fortuna considerable a la patrona y buena reputación a la plantación. Las agujas era una estructura bien puesta, hecha de planchas de madera (73). Tía Josefa le daba instrucciones a Pola, quien al principio realizaba tareas de apoyo al trabajo de otras 23 mulatas del taller, en lo que aprendió a cortar telas y se convirtió en una cortadora diestra. Al final del día, Pola estaba sudorosa y cansada, pero nunca tan cansada como podían estar los esclavizados al final de una jornada en el cañaveral (74).

En estas circunstancias Pola comienza a recibir muestras de apoyo de parte de Tía Josefa. En una ocasión, Pola tiene una pesadilla, sus propios gritos la despiertan, Tía Josefa la calma, su voz es un bálsamo en la oscuridad “Todos cargamos con nuestras pesadillas en lugares secretos. …Quieren robarnos nuestra humanidad … No los dejes. Nos les des lo único que no pueden quitarte”. Pola, aunque pretenda negarlo, reconoce que la voz del Tía Josefa la reconforta (83). Ella, con mucha paciencia, le enseña con mucha discreción la importancia de la ayuda entre las compañeras del taller, fomenta relaciones interpersonales de confianza, donde prevalece la camaradería, la ayuda mutua. Estos modos de actuación asociados al valor solidaridad ayudan a respetar la diversidad y fortalecer el espíritu de colaboración y de trabajo en equipo (Campos Perales, 2023).

Una escena que muestra el espíritu solidario entre las trabajadoras del taller es cuando envían a Pola a llevar el almuerzo al cañaveral porque la mujer que solía hacerlo se había lastimado una mano y no podía realizar la entrega, por lo que envían a Pola de suplente (108). En el cañaveral, Pola tuvo una pelea fuerte con Leticia, una de las cortadoras de caña y termina con su ropa casi destruida. Una semana después de la pelea, Tía Josefa le dice a Pola: “Hay unas cosas sobre tu catre. Tira a la basura esa porquería que remendaste. No puedo permitir que ninguna de mis mujeres ande con ese desastre de vestido” (128). Sobre su catre estaban dos combinaciones que las mujeres del taller elaboraron para ella. Nunca había vestido otra cosa que no fueran los sacos blanqueados que usan las mujeres que no valen nada. En el suelo estaban unos zapatos, Pola nunca se había puesto zapatos. Acaricia todo con los dedos. Pola se deleita en la sensación de la tela sobre su piel. Pola repetía en su mente las palabras de Tía Josefa era “una de sus mujeres”. De momento sintió una presión extraña en el rostro. “Hace mucho tiempo que no intenta sonreír” (128).

El simple reconocimiento de la pertenencia a la colectividad Las agujas, despierta en Pola un sentimiento de cohesión e igualdad. Durkheim, fundador de la sociología moderna, afirma que "allí donde la solidaridad social existe, a pesar de su carácter inmaterial, no permanece en estado de pura potencia, sino que manifiesta su presencia mediante efectos sensibles” (citado por Razeto Migliaro, 2005). Esa solidaridad social surge del trabajo colectivo y la vida grupal que los une, vinculándose por un orden moral de reglas y leyes generadas entre ellos mismos. A ese vínculo invisible Durkheim lo identifica como "solidaridad social" (974). Por eso no es de extrañar cuando en una ocasión, Tía Josefa le dice en tono amenazante a Celestina, la oportunista jefa de las criadas: “Ni se te ocurra andar metiendo esas narices jinchas en mis asuntos. Ocúpate de tus negras en la casa que yo me ocupo de las mías. … Mis muchachas son como mi familia. Así que, si te metes con ellas, te metes conmigo” (205).

Pastora, la cocinera

Pastora, la cocinera, era un tesoro para la familia hacendada. Tenía fama de servir mesas deliciosas y abundantes (73). La patrona había pagado una fortuna por ella, sus destrezas culinarias las adquirió en la cocina del gobernador donde aprendió a dominar el arte de la cocina francesa (83). Los negros de la plantación la querían porque se aseguraba de que les tocara todos los órganos y demás partes que los blancos se negaban comer, así como las sobras de la mesa. Ella sobreestimaba las porciones de la familia a propósito para asegurarse que hubiera bastantes sobras (84). La cocina de Pastora era famosa por el orden y la limpieza que reinaban en ella, estaba conectada a la casa de la familia (73). Parte de las funciones de Pola era ayudar a Pastora en la cocina y le entusiasmaba trabajar en un lugar con tantos olores y sabores de buena comida (84).

En una ocasión, Pola roba un pedazo de carne y lo mete en el bolsillo del delantal. Celestina la descubre y habla con Pastora. Cuando Pastora regresa a la cocina le dice a Pola: “Cuídate de esa, la tal Celestina. …Esa hija de puta lo único que quiere es meter a algunas de nosotras en un lio”. …” Ahora termínate el bocado. Hay mucho que hacer. Y la próxima vez que quieras probar algo, no tienes que esconderte. Puedes comer todo lo que quieras en mi cocina. Pero cuidadito con Celestina” (87).

La complicidad de Pastora es una muestra más de solidaridad. Visto desde la perspectiva de Razeto Migliaro (2005) la cocina era el centro donde todas las ayudantes se encontraban en igualdad de condiciones, el vínculo creado entre ellas permitía que la solidaridad se manifestara. “Cada uno por el grupo, y el grupo por cada uno” (171). Pastora estaba dispuesta a responder por Pola, estaba comprometida con ella, el lazo de la solidaridad estaba creado.

Pola y la solidaridad sanadora

Pola aprende a reconocer y aceptar las muchas caras del amor y la solidaridad. El amor de madre logra accederlo a través de la niña cimarrona Chachita, antes mencionada. Ella la conoce uno de esos domingos que se escapaba al bosque y se trepaba a un árbol para recostarse en una de sus ramas. Desde lo alto vio a la niña y Pola idea llevarle sobras de comida de la cocina de Pastora para que la niña devore. La niña le deja amapolas, mira a Pola y sonríe. La confianza comienza a crecer entre ambas. Chachita le cuenta su vida, vive en el bosque abandonada allí por tener lepra en las orejas. “Instintivamente, (Pola) se acerca a Chachita, le rodea los hombros huesudos con los brazos y le susurra sonidos reconfortantes” (147). Piensa que esa niña necesita una madre (148). Entre ellas se cuentan historias. Ninguna hace preguntas, se alegran de estar juntas. “Mujer y niña comienzan a reír, algo nuevo para ambas” (194). Pola se pregunta: “¿Cómo es que este chispo de niña puede devolverle todo lo que perdió hace tanto tiempo?” (290). El sentimiento de solidaridad es tan fuerte que Pola tiene que asumir riesgos para protegerla y ocultarla de los militares españoles cuando estaban en la búsqueda de prófugos en el campo (265).

El amor de hermana Pola lo descubre a través de su relación con Adela quien oculta que está embarazada. El día que Pola lo descubre es porque Adela en el desayuno corre a un lugar apartado a vomitar. Pola la ha seguido le ayuda a limpiarse. Le dice: “Vas a estar bien. Veo a muchas mujeres con sus bebés por aquí todo el tiempo. Nadie te quitará a tu bebé. El padre y tu pueden” … (156). Adela llora en el pecho de Pola. “Una vez más Pola se encuentra apoyando y consolando a una mujer joven. Esta vez no es a Chachita, ... Adela busca fuerzas en Pola, (confía en ella) ... Pola, la amorosa” (156). La solidaridad que siente Pola por Adela la lleva a guardar el secreto y apoyarla en todo.

Pola se rinde al amor de hija cuando tiene que dar consuelo a Tía Josefa por la muerte de su hija Fela que muere dando a luz a una niña cuyo padre es Don Tomás, el patrón de la hacienda. Tía Josefa sufre con una angustia reprimida los nueve meses de embarazo. El dolor fue tan intenso que creó una barricada emocional inexpugnable, nadie se podía acercar, ella no lo permitía. Hasta que un día Pola le dice “Tienes que poner tu dolor en un segundo plano y a esta niña primero. Sabemos que has perdido a alguien especial, a una hija. Pero este encierro en ti misma tiene que acabar. No te conviene a ti, no le conviene al taller y no le conviene a la bebé” (187). Pola penetra el corazón de la Tía, sus rodillas ceden y su sufrimiento se convierte en llanto. Pola la abraza fuerte, la mujer sigue llorando “Y se quedan ahí Tía Josefa dejándose consolar y Pola aprendiendo a consolar” (188).

Cuando Pola se casa con Simón, uno de los esclavizados de la hacienda Las Mercedes cuya bondad es pieza clave para su reconstrucción, recibe tres visitas. Primero llega Rufina con una bolsita llena de hierbas para que avivaran la llama de amor y alejaran la envidia (361). Pastora llega después con un pequeño bizcocho para que lo ofreciera a Ochún, para que en el hogar no faltara la dulzura y el alimento. Por último, llegó Josefa, que trajo su hombro para que se apoyara cuando las cosas se pusieran difíciles (362). A través de la solidaridad de estas tres mujeres Pola fue encaminada por un rumbo muy diferente, era una mujer rota y rabiosa, que no creía en nadie ni le importaba nada (301). Pero el poder sanador de la solidaridad le ayudó a redescubrir el amor de la comunidad, pero, sobre todo, el amor propio.

 Conclusión

Dahlma Llanos-Figueroa afirma que le gusta escribir porque “A diario perdemos pedacitos de nuestro patrimonio. Y no se puede construir una estructura si no se sabe la base. Hay que enterarse del pasado para poder bregar con el presente y planificar para el futuro. Para mí, es preciso contar lo que no se ha contado de nuestra herencia africana” (Pontoni, 2022). Realmente lo logra, la novela Indómita nos ubica en un periodo cruel y desgarrador de nuestra historia: la esclavitud vista desde la óptica de una mujer negra esclavizada que la padece y la sufre. A lo que decimos, ¡bravo! porque se rompe la invisibilidad a que ha sido sometida la historia de nuestras mujeres negras. Como muy bien dice Marie Ramos Rosado (2013) “La historia puertorriqueña ha sido narrada desde una óptica patriarcal” (66). Los historiadores se enfocan en las rebeliones realizadas por los esclavos y hombres negros, pero la ficción de la escritora hace visible a todas las mujeres negras y sus trabajos: curanderas, cocineras, costureras, criadas, cortadoras de caña, etc. El protagonismo de estas negras esclavizadas destaca sus aportaciones y sirve 

Uno de los aspectos que me ha sorprendido es enfrentarme a una crítica literaria muy escasa. Esa falta de reconocimiento al trabajo de la autora no pude evitar asociarlo a la marginación de la temática de lo afrodescendiente y más específico la invisibilidad que han tenido las historias de las negras esclavizadas en las letras puertorriqueñas. El empeño que pone Llanos-Figueroa en recuperar la memoria de nuestros ancestros a través del recuerdo del origen de la protagonista, su familia, sus costumbres, sus ritos, el encadenamiento y la dolorosa experiencia de la esclavitud nos compele a no olvidar, a continuar reconstruyendo nuestro pasado. Creemos que “es indispensable llegar a entender de manera más profunda estas historias de raza, cultura, nación y movilización para vislumbrar futuros de igualdad, respeto, coexistencia y pertenencia” (De la Fuente y Reid Andrews, 2018).

En relación con la solidaridad como valor sanador demostramos cómo las mujeres hombro con hombro son capaces de levantarse ante la adversidad. Desde esa perspectiva significa compartir y asumir las necesidades de la otra mujer como propias. Coincidimos con Eva Pasek y Rina Colina (2018) cuando afirman que … “la solidaridad es un valor contrario al individualismo, se refleja en el servicio y busca el bien común y su finalidad es intentar solucionar las carencias espirituales o materiales de los demás” (107). Definitivamente, las mujeres de Dahlma Llanos-Figueroa en la novela Indómita, cultivaron la comprensión, ayuda, apoyo y ofrecieron su mano amiga evidenciando como la solidaridad es un valor sanador.

Obras citadas

  • Baralt, Guillermo. "La esclavitud en Puerto Rico". EnciclopediaPR. Fundación Puertorriqueña de las Humanidades, 10 junio 2021. https://enciclopediapr.org/content/la-esclavitud-puerto-rico

  • Campos Perales, Pedro Edy. "La solidaridad como valor moral: un acercamiento epistemológico para su educación". Revista Cubana Educación Superior, 42, 1, enero-abril, 2023. En línea ISSN 0257-4314

  • De la Fuente, Alejandro, y Reid Andrews, George (editores). Estudios Afrolatinoamericanos: una introducción. 2018. ISBN 978-987-722-367-5 https://biblioteca.clacso.edu.ar/clacso/se/20181206023201/EstudiosAfro_ES.pdf

  • Durkheim, Emile. La división social del trabajo. (4 ed.) Traducción Carlos G. Posada. Ediciones Akal, 2001. IBSN 84-7600-229-7

  • Llanos-Figueroa, Dahlma. Mujer de resistencia. Harpers Collins Español, 2022. ISBN 978-0-06-306227-6

  • Páez Neira, Martha Margarita. "Acercamiento teórico al concepto de solidaridad". Realitas, 1, 1, Enero - Junio, 2013, 42-50. ISSN 2346-0504. e-ISSN 2346-0601

  • Pasek, Eva, y Colina, Rina D. "Responsabilidad y solidaridad social como valores de la cultura organizacional en las escuelas venezolanas". Revista Científica, 3, 8, 2018, 100-120. DOI: https://doi.org/10.29394/Scientific.issn.2542-2987.2018.3.8.5.100-120

  • Pontoni, Leticia Teresa. Dahlma Llanos-Figueroa dejando su legado. Blog, 7 mayo 2022. https://leticiateresapontoni.blogspot.com/2022/05/dahlma-llanos-figueroa-dejando-su-legado.html

  • Ramos Rosado, Marie. Exordio a Las negras. En Las Negras de Arroyo Pizarro, Yolanda. Editora Educación Emergente, 2013. IBSN 978-1-4675-8917-8

  • Razeto Migliaro, Luis. El concepto Solidaridad. EnPensamiento Crítico Latinoamericano. Conceptos Fundamentales, III, 971-985. Saias Astrain Salas (Editor). Ediciones Universidad Católica Silva Henríquez, 2005.

  • Rivera-López, Keishla. Cafecito con Dahlma Llanos-Figueroa. Entrevista. Centro de Estudios Puertorriqueños, 18 marzo, 2022. https://www.youtube.com/watch?v=d0Sdu4LK444&t=32s

  • Rodés, Andrea. Dahlma Llanos-Figueroa: la novelista de los puertorriqueños afrodescendientes. 20 abril, 2022. https://aldianews.com/es/culture/libros-y-autores/una-mujer-resistente

Dra. Nydia Esther Mejías Tirado

Educadora, especialista en didáctica de las ciencias experimentales. Obtuvo su doctorado en didáctica de las ciencias en la Universidad Complutense de Madrid y su maestría en artes en el Centro de Estudios Avanzados de Puerto Rico y el Caribe. Aquí se distinguió por formar parte del consejo editorial de la revista Contornos Caribeños. En la Universidad de Puerto Rico, completó su licenciatura en biología con una subespecialidad en educación. Ha publicado varios ensayos sobre investigación en didáctica de las ciencias, así como sobre literatura, en revistas y periódicos de su país de origen, Puerto Rico. En su tiempo libre, le gusta leer, especialmente literatura.

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